10 Feb
2012
Posteado en: El agua y el medio ambiente
Por    Comentarios desactivados en Agua mala en China

Agua mala en China

La situación de emergencia ya se desarrollaba desde el 15 de enero, pero en occidente no se conoció hasta fin de mes. Clarín, el día 31, tituló “Un derrame tóxico deja sin agua a 4 millones de personas en China”. ¿Qué pasó? Las fuentes coinciden. Una fábrica que trabaja con metales pesados arrojó al río Longjiang, en la provincia de Guangxi, restos de cadmio, un producto residual altamente cancerigeno. Las cantidades desechadas varían según el medio que se consulte pero, al perecer, se trató de un descarte “masivo”. ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Quienes son los afectados? Pese al titular de Clarín, que redondea para arriba, tres millones setecientos mil chinos de la ciudad de Liuzhou se vieron afectados cuando las autoridades locales recomendaron que no se ingiera el agua del Longjiang en un tramo de 100 kilómetros. Se trata, en números, de cerca del diez porciento de la población argentina. La matanza, en el partido más grande de la provincia de Buenos Aires, agrupa, según censo del 2010, casi un millón ochocientos mil habitantes. Nos faltan, entonces, dos millones para llegar al número de afectados.

El gobierno chino, que se sabe tiene por ley acciones en todas las empresas establecidas en suelo chino, comenzó una operación de saneamiento que consiste en arrojar, de forma manual -esto es un hombre con una bolsa y una pala en un bote- toneladas de cloruro de aluminio en la zona afectada. El cloruro de aluminio es un polvo rojizo que tiño las aguas del rio de un color rojo amarronado terminando de transformar el paisaje fluvial en un escenario apocaliptico. Al mismo tiempo, el Instituto Medioambiental del Sur de China expidió un comunicado asegurando que la situación está bajo control, mientras que el ministerio de Protección Medioambiental señaló a la compañía minera Guangxi Jinhe como presunta culpable.

Llegado este punto, surgen otras preguntas. De cara a las conocidas modificaciones en los flujos del capital internacional, y sus penosas transformaciones -la eurozona es en este momento un gran interrogante al respecto-, la entrada, hace unos años, de China al mercado global aparece como un reaseguro de los países con amplia oferta de commodities, entre ellos la Argentina. Sin embargo, todavía con un sistema político alejado, o más bien ajeno, a los organismos de control y regulación internacionales cabe preguntarse cómo se está dando esta apurada industrialización. China no es solo la sutileza milenaria del Tao, la sabiduría breve de Confucio. Hoy es una potencia que maneja la más reciente, la más violenta y la más “acelerada” de las economías mundiales. Todos quieren hacer negocios con China y China quiere hacer negocios con todos. Ahora bien, ¿qué costo puede tener para el medio ambiente la industrialización rápida y amparada por un Estado fuerte que maneja, filtra y censura incluso los buscadores de Internet?

La ciencia ficción nos describió, a veces con un detalle sorprendente, escenarios distópicos donde grandes ciudades llenas de gente comienza a aceptar niveles agresivos de radiación, hacinamiento, pobreza o contaminación. Hoy China es uno de los países más contaminados y contaminantes del planeta. El vertido de cadmio en el río Longjiang se descubrió cuando los pescadores que todos los días trabajan en sus aguas empezaron a notar como grandes cantidades de peces aparecían muertos en la superficie. Escena terrible y digna de una película del género catástrofe.